os, ocultismo económico y otras verdades a medias.
Julio José Prado
Departamento de investigación IDE
El Código Da Vinci, ha sido sin duda uno de los mayores fenómenos literarios de los últimos tiempos. No precisamente por su profundidad histórica o intelectual, sino más bien por la inobjetable facilidad con la que expone hechos poco veraces (a veces evidentemente falsos), los entrelaza con nombres y lugares históricos, y los mezcla en una historia contada con una fluidez y dinamismo dignos de Harry Potter. Es que el libro de Dan Brown es ante todo una pequeña joya del marketing moderno, que se hizo para vender millones de copias, y despertar -en algunos lectores propensos al sensacionalismo- un sentimiento de “haber descubierto la verdad”.
Este fenómeno, tiene en realidad mucho que ver con nuestro país, y con el cómo nos comportamos los ecuatorianos. Estamos dispuestos a creer, en ciertas mentiras económicas que dichas con un tono solemne, casi patriótico, suenan muy bien y arrancan aplausos fáciles. Nos esforzamos por buscar una causa para nuestra pobreza en la riqueza de los demás, y atamos cabos para forjar complots (¿imaginarios?) en contra nuestra.
Pues sí, nuestro Código Da Vinci criollo, es todo un caso de estudio. Mientras nuestros vecinos (y competidores) caminan hacia la apertura de mercados y la integración comercial con distintos bloques, los ecuatorianos hemos encontrado indicios de un complot que buscaba privatizar el agua, comercializar carne de especies en extinción y destruir al campesino. No se trata de decir que la apertura y la integración sean siempre buenas y positivas (de hecho no lo son…), pero la oposición radical no nos permite encontrar consensos mínimos, y finalmente nubla nuestra capacidad para analizar con los temas. Por el otro lado, parecía que una negociación con EEUU era la única opción lógica y viable (¿recuerda las campañas del Gobierno?), y que sin el TLC, el país entraría en una profunda crisis… ¡Qué rápido cambian las prioridades y los discursos!
Como en toda buena historia de suspenso, en nuestro Código, surgieron varios paladines que fueron vistos a diario en los medios de comunicación o que colmaron las tarimas populares. Algunos defendieron a rajatabla su posición aperturista, mientras otros utilizaron como escudo a los campesinos en grandes marchas de protesta. De lado y lado, se esgrimieron verdades a medias, para atraer la atención de la ciudadanía. Finalmente sucedió, lo de siempre. Pasó el calor de la batalla, se enfriaron los argumentos, y las discusiones de fondo quedaron postergadas.
Mientras continúa esta historia, el Ecuador, se enrumba hacia el año 2007, con la mayoría de sus ciudadanos cegados por la campaña política, el cambio de Gobierno, y los siempre novelescos escándalos de corrupción del Congreso y la Corte Suprema de Justicia. Así es como vamos llenando las páginas de nuestro “best-seller”, con improvisación económica, sin una estrategia clara en ningún campo, y dispuestos a comprar cualquier teoría salvadora, que nos ayude a creer en días mejores.
Por ejemplo, en los últimos días, han surgido versiones que hablan de una posible renovación o extensión del ATPDEA (acuerdo que otorga preferencias arancelarias al ingreso en EEUU). Si esto se llega a concretar, deberíamos sonreír ligeramente, ya que “peor es nada”, pero no es un motivo de celebración. Es muy posible, que esto distraiga la atención sobre los temas fundamentales, es decir, la estrategia de largo plazo, y los beneficios intangibles de un acuerdo de mayor envergadura. La discusión no está en tener ATPDEA o no. No se trata de una suma y resta de cifras, se trata de una suma y resta de oportunidades y retos. El riesgo es que no nos detenemos a analizar esto con profundidad… son los árboles que no nos dejan ver el bosque.
Lo que olvidamos a menudo es que las personas no viven de eufemismos y verdades a medias. Las personas viven de hechos palpables, como la estabilidad económica y la generación de oportunidades reales de trabajo. No existe país en el mundo, que haya aumentado su crecimiento económico y disminuido sus niveles de pobreza, manteniéndose al margen de los flujos comerciales mundiales. No existe empresa que pueda desarrollarse y ser competitiva en un ambiente de incertidumbre, de constantes cambios del panorama económico, o en un país en el que el Estado hace y deshace en función de las ideologías de turno.
El reto es dejar de construir nuestro futuro en base a ocultismos económicos, y comenzar a analizar los temas con un poco más de objetividad. No es fácil, pues siempre existirá algún Dan Brown criollo, que con un discurso aparentemente coherente y frases sacadas de contexto, nos cuente una historia entretenida que atrape y aleje de la realidad. Lo importante, es que al final de nuestra “lectura económica”, podamos sacar conclusiones, e interpretar qué es verdad, y qué es pura novela.
Julio José Prado
Departamento de investigación IDE
El Código Da Vinci, ha sido sin duda uno de los mayores fenómenos literarios de los últimos tiempos. No precisamente por su profundidad histórica o intelectual, sino más bien por la inobjetable facilidad con la que expone hechos poco veraces (a veces evidentemente falsos), los entrelaza con nombres y lugares históricos, y los mezcla en una historia contada con una fluidez y dinamismo dignos de Harry Potter. Es que el libro de Dan Brown es ante todo una pequeña joya del marketing moderno, que se hizo para vender millones de copias, y despertar -en algunos lectores propensos al sensacionalismo- un sentimiento de “haber descubierto la verdad”.Este fenómeno, tiene en realidad mucho que ver con nuestro país, y con el cómo nos comportamos los ecuatorianos. Estamos dispuestos a creer, en ciertas mentiras económicas que dichas con un tono solemne, casi patriótico, suenan muy bien y arrancan aplausos fáciles. Nos esforzamos por buscar una causa para nuestra pobreza en la riqueza de los demás, y atamos cabos para forjar complots (¿imaginarios?) en contra nuestra.
Pues sí, nuestro Código Da Vinci criollo, es todo un caso de estudio. Mientras nuestros vecinos (y competidores) caminan hacia la apertura de mercados y la integración comercial con distintos bloques, los ecuatorianos hemos encontrado indicios de un complot que buscaba privatizar el agua, comercializar carne de especies en extinción y destruir al campesino. No se trata de decir que la apertura y la integración sean siempre buenas y positivas (de hecho no lo son…), pero la oposición radical no nos permite encontrar consensos mínimos, y finalmente nubla nuestra capacidad para analizar con los temas. Por el otro lado, parecía que una negociación con EEUU era la única opción lógica y viable (¿recuerda las campañas del Gobierno?), y que sin el TLC, el país entraría en una profunda crisis… ¡Qué rápido cambian las prioridades y los discursos!
Como en toda buena historia de suspenso, en nuestro Código, surgieron varios paladines que fueron vistos a diario en los medios de comunicación o que colmaron las tarimas populares. Algunos defendieron a rajatabla su posición aperturista, mientras otros utilizaron como escudo a los campesinos en grandes marchas de protesta. De lado y lado, se esgrimieron verdades a medias, para atraer la atención de la ciudadanía. Finalmente sucedió, lo de siempre. Pasó el calor de la batalla, se enfriaron los argumentos, y las discusiones de fondo quedaron postergadas.
Mientras continúa esta historia, el Ecuador, se enrumba hacia el año 2007, con la mayoría de sus ciudadanos cegados por la campaña política, el cambio de Gobierno, y los siempre novelescos escándalos de corrupción del Congreso y la Corte Suprema de Justicia. Así es como vamos llenando las páginas de nuestro “best-seller”, con improvisación económica, sin una estrategia clara en ningún campo, y dispuestos a comprar cualquier teoría salvadora, que nos ayude a creer en días mejores.
Por ejemplo, en los últimos días, han surgido versiones que hablan de una posible renovación o extensión del ATPDEA (acuerdo que otorga preferencias arancelarias al ingreso en EEUU). Si esto se llega a concretar, deberíamos sonreír ligeramente, ya que “peor es nada”, pero no es un motivo de celebración. Es muy posible, que esto distraiga la atención sobre los temas fundamentales, es decir, la estrategia de largo plazo, y los beneficios intangibles de un acuerdo de mayor envergadura. La discusión no está en tener ATPDEA o no. No se trata de una suma y resta de cifras, se trata de una suma y resta de oportunidades y retos. El riesgo es que no nos detenemos a analizar esto con profundidad… son los árboles que no nos dejan ver el bosque.
Lo que olvidamos a menudo es que las personas no viven de eufemismos y verdades a medias. Las personas viven de hechos palpables, como la estabilidad económica y la generación de oportunidades reales de trabajo. No existe país en el mundo, que haya aumentado su crecimiento económico y disminuido sus niveles de pobreza, manteniéndose al margen de los flujos comerciales mundiales. No existe empresa que pueda desarrollarse y ser competitiva en un ambiente de incertidumbre, de constantes cambios del panorama económico, o en un país en el que el Estado hace y deshace en función de las ideologías de turno.
El reto es dejar de construir nuestro futuro en base a ocultismos económicos, y comenzar a analizar los temas con un poco más de objetividad. No es fácil, pues siempre existirá algún Dan Brown criollo, que con un discurso aparentemente coherente y frases sacadas de contexto, nos cuente una historia entretenida que atrape y aleje de la realidad. Lo importante, es que al final de nuestra “lectura económica”, podamos sacar conclusiones, e interpretar qué es verdad, y qué es pura novela.
1 comentarios:
Entretenido el artículo del Código Da Vinci Criollo. Lamentable verdad. Nos deja el deber de argumentar, comentar y discutir el tema y salir de la apatía que tanto terreno nos ha ganado y tanto daño nos ha hecho como sociedad. Para tener un mayor "derecho" a opinar deberíamos ser nosotros quienes hagamos algo en vez de dejar nuestra vida y futuro en las manos de los políticos. Empezar por algo asi sea un blog.
Publicar un comentario