Hoy por hoy, ninguna reunión familiar estaría completa sin una buena discusión sobre el calentamiento global. A eso sumemos temas más “rebuscados” como los productos orgánicos, la captura de carbono, o los biocombustibles, y tenemos una muestra de qué tan importantes y cotidianos se han vuelto los temas ambientales. Y justamente ahí, está el siguiente sospechoso por el alza mundial de precios de los commodities.

Resulta que, cuando el precio del petróleo se sitúa alrededor de los 70 dólares por barril, los biocombustibles se vuelven rentables en muchos países incluso si tenemos en cuenta solo la incipiente tecnología actual. Entonces, con un petróleo que está cerca de los 100 dólares, el negocio de los biocombustibles se vuelve sumamente atractivo para los inversionistas privados y también para los gobiernos. Y como hay más presión de los ciudadanos por obtener tecnología más limpias y amigables con el ambiente, rápidamente se implementan fábricas alrededor del mundo para transformar alimentos en combustibles (según el país: caña de azúcar, palma o maíz).
Ahí tenemos entonces una explicación al alza de los últimos 2 o 3 años en el precio de los commodities. Para producir etanol o biodiesel, se requiere una gran cantidad de materia orgánica; como no existe suficiente, el precio de la materia prima sube. Al subir el precio, se generan altísimos incentivos para que los agricultores siembren más palma, caña y principalmente maíz; pero para hacer eso deben inevitablemente dejar de sembrar trigo, por ejemplo.
El resultado en los mercados internacionales es que el precio del maíz (y la caña, y palma) sube porque hay una muy fuerte demanda que los utiliza como materia prima, mientras que el precio del trigo también sube, pero porque hay escasez. Dos razones distintas de un aumento de precios generalizado, que genera una avalancha de especulación en otros mercados que no necesariamente están relacionados con los biocombustibles, como la carne y los lácteos.
Hasta aquí, uno podría inclinarse a pensar que los que salen más beneficiados en todo el sistema de producción, son los productores de biocombustibles, y que a ellos les viene muy bien que los precios sean altos porque así obtienen mayor rentabilidad. Pero en este mercado existe una importante ironía (por llamarle de alguna forma); la materia prima natural representa entre el 70% y el 80% del costo total de producción de etanol y biodiesel, por lo tanto, si bien los productores de estos combustibles son los responsables del alza mundial de precios de los commodities, son al mismo tiempo las víctimas. Y entonces, ¿Cuál es la piedra angular de todo esto? El petróleo.
Si el precio del petróleo sigue subiendo, existirán mayores incentivos para producir biocombustibles, y hará que los precios de los alimentos suban, y consecuentemente encarecerá más la producción de etanol y biodiesel. Todo este círculo depende del precio del petróleo, esa es la “señal” que mueve a este mercado.
Ahí tenemos entonces una explicación al alza de los últimos 2 o 3 años en el precio de los commodities. Para producir etanol o biodiesel, se requiere una gran cantidad de materia orgánica; como no existe suficiente, el precio de la materia prima sube. Al subir el precio, se generan altísimos incentivos para que los agricultores siembren más palma, caña y principalmente maíz; pero para hacer eso deben inevitablemente dejar de sembrar trigo, por ejemplo.
El resultado en los mercados internacionales es que el precio del maíz (y la caña, y palma) sube porque hay una muy fuerte demanda que los utiliza como materia prima, mientras que el precio del trigo también sube, pero porque hay escasez. Dos razones distintas de un aumento de precios generalizado, que genera una avalancha de especulación en otros mercados que no necesariamente están relacionados con los biocombustibles, como la carne y los lácteos.
Hasta aquí, uno podría inclinarse a pensar que los que salen más beneficiados en todo el sistema de producción, son los productores de biocombustibles, y que a ellos les viene muy bien que los precios sean altos porque así obtienen mayor rentabilidad. Pero en este mercado existe una importante ironía (por llamarle de alguna forma); la materia prima natural representa entre el 70% y el 80% del costo total de producción de etanol y biodiesel, por lo tanto, si bien los productores de estos combustibles son los responsables del alza mundial de precios de los commodities, son al mismo tiempo las víctimas. Y entonces, ¿Cuál es la piedra angular de todo esto? El petróleo.
Si el precio del petróleo sigue subiendo, existirán mayores incentivos para producir biocombustibles, y hará que los precios de los alimentos suban, y consecuentemente encarecerá más la producción de etanol y biodiesel. Todo este círculo depende del precio del petróleo, esa es la “señal” que mueve a este mercado.
Entonces, tenemos una preocupante situación, ya que todos queremos un mundo más limpio y un desarrollo sostenible, pero si es a costa de perder nuestra provisión de alimentos, habrá que pensar en un nuevo modelo de producción de biocombustibles… O quizás, el problema no son los biocombustibles y el hecho de utilizar alimentos en el proceso productivo, sino la intervención de agentes externos al mercado (hay subsidios de gobiernos que están generando fuertes presiones en el mercado... pero ese tema lo dejamos para otro análisis).
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