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31 marzo 2008

Precios altos: otros culpables.

Cuando el Gobierno entra en juego.


Un video en inglés sobre los efectos de los subisidios e incentivos sobre el Etanol y las cosechas de maíz.

Culpar solamente al etanol, a la renovada conciencia ambiental, o al aumento del ingreso a nivel mundial, no es totalmente justo. En condiciones “normales”, el aumento de la demanda de maíz para fabricar etanol, haría que más gente se dedique a sembrar maíz, lo cual aumentaría el precio del maíz, pero como vimos también subiría el precio del trigo porque hay escasez. Hasta aquí no hay nada raro… esto es exactamente lo que ha sucedido en el mercado.

Pero, aquí es donde la cosa se complica. Si el precio del trigo (y de otras cosechas que se han dejado de lado) comienza a subir, eso generaría un incentivo para que nuevos productores ingresen al mercado de trigo para ganar ese beneficio adicional generado por los altos precios y la poca competencia. En el mediano plazo (un par de años), las personas que se dedicaron solo al maíz, se darían cuenta que hay oportunidades interesantes que dejaron atrás en el trigo y que ahora el mercado del maíz se está saturando…. Esta dinámica que parece complicada en el papel, es exactamente lo que que ha venido sucediendo siempre en la agricultura, y por eso es que los precios de productos del campo han sido bastante estables durante los últimos 100 años. ¿Por qué no funciona este sistema ahora?

Aquí entran en juego los Gobiernos. Como ya dijimos, el tema ambiental está de moda, y por lo tanto hay muchos réditos políticos si un gobierno se muestra como ambientalista. Bajo esa lógica, y con muy buena fe, los Gobiernos de varios países, subsidiaron desde hace unos 3 o 4 años, todos los proyectos que tengan que ver con los biocombustibles. En EEUU y Europa, por ejemplo se ofrecen fuerte deducciones de impuestos a quienes pongan plantas que conviertan el maíz en etanol. Y además se ofrecen grandes ventajas para los agricultores que produzcan maíz destinado a ser convertido en combustible.

Y entonces, un proceso de cambio que debía haberse generado en forma paulatina, generó un boom de demanda de cereales, y una escasez casi inmediata de trigo y soya. Si bien, el valor total de la producción del mundo ha crecido (como vimos en el gráfico 2), la composición ha cambiado. En pocas palabras el mercado no estaba listo para un cambio tan radical.

Otro “error” que se le puede atribuir a las políticas públicas y que ha contribuido en forma decisiva para el desequilibrio de los mercados, es la restricción de importación de biocombustibles baratos. En EEUU, por ejemplo, existe un arancel de 54 centavos de dólar por cada galón de etanol importado desde Brasil. Esto se hace con el objetivo de proteger a los productores locales y favorecer a la industria naciente del etanol de Estados Unidos que no es tan competitiva (¿no se le suena conocido este argumento?). El etanol de Brasil es más “limpio” que el de EEUU, y se produce a un costo mucho menor y el precio de venta al público sería más bajo... con esto se lograría reducir en forma significativa la presión sobre los precios de los alimentos.

Pero no solo está el tema de proteger al productor. La industria de los biocombustibles representa para Europa y EEUU, un tema de seguridad nacional y de estrategia geopolítica. Al subir el precio del petróleo, los países miembros de la OPEP ganan mayor poder, no solo económico sino político. Si a eso le sumamos un dólar debilitado, veremos que existen fuertes presiones para generar una industria que haga contrapeso, y parece que los biocombustibles pueden ser una opción lógica. Hay que poner más atención a las propuestas de los candidatos presidenciales en Estados Unidos; ahí se podrá tener una idea de por dónde se enfilarán las estrategias.

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