PERSPECTIVA TV: UN PROGRAMA PARA ANALIZAR LA ECONOMÍA Y LOS NEGOCIOS

18 agosto 2008

FRACASOS.COM

RESUMEN: Subamos a la montaña rusa de las empresas puntocom. Las mismas que nos deslumbraron a finales de los noventa, cayeron en picada pocos años después. ¿Qué pasó? En este artículo veremos por qué se equivocaron esos jovenes emprendedores que desafiaron a la "vieja economía", y las lecciones que nos dejaron.

A finales del siglo XX, la Era del Internet estaba en su apogeo. Los usuarios comenzaban a sacar provecho de la tecnología disponible, y las empresas aceptaban al comercio electrónico como una invalorable herramienta para hacer negocios en “tiempo real”, mantener vínculos estrechos con clientes y proveedores, y para reducir costos. La “nueva economía” se había convertido, desde mediados de la década de los noventa, en el motor que impulsaba el crecimiento, casi sin precedentes, de los mercados financieros (ojo, financieros) a nivel mundial. Los inversionistas, entregaban gigantescas cantidades de dinero a jóvenes empresarios, que surgían cada día con ideas más novedosas, y se generó una especie de subcultura basada en el Internet, en la cual los “nerds” del pasado (“los aplicados del curso”) se convirtieron en multimillonarios empresarios de la Era digital, elevados a la categoría de artistas de cine.

La fiesta terminó rápidamente. Durante 2000 y 2001, los mercados mundiales fueron testigos del desplome casi simultáneo de gran parte de las nuevas empresas basadas en Internet. La nueva economía, que tanto había prometido pocos años antes, se derrumbaba ante la mirada escéptica de los inversionistas que habían rozado el cielo con el elevado precio de las acciones, y ahora se lamentaban y buscaban una explicación. ¿Qué sucedió?

La orgía digital

En ocasiones las adaptaciones en la estructura mental de las personas son más lentas que los cambios tecnológicos. Cuando se inventó la primera locomotora impulsada a vapor, la gente tenía miedo de subir en ella pues creían que podía desintegrarse; más tarde el público tardó en asimilar que los vuelos comerciales eran seguros; y en los últimos años, la introducción de la computadora en cada hogar ha significado romper más de una barrera psicológica (¡mi abuelo aún no entiende cómo funcionan!).

En el caso del Internet, muchos jóvenes empresarios (23 años en promedio) sintieron que estaban listos para tomar el reto… ¿y por qué no iban a hacerlo?, si habían nacido bajo la influencia directa de las computadoras y las manejaban mejor que sus padres; el Internet era su mundo. ¿Qué podía fallar? Comenzaron a idear toda clase de empresas basadas en Internet, desde las más simples hasta las más complejas. El financiamiento no fue un problema pues había abundante liquidez en el mercado, incluso para jóvenes que no contaban con nada más que una excelente idea. Así, las nuevas empresas se crearon sin problema y en poco tiempo estaban generando ganancias sumamente altas, que se duplicaban cada tres meses… pero esas ganancias no se generaban en la labor diaria de las empresas, sino en la pura especulación y entusiasmo de las Bolsas de Valores donde su valor trepaba alegremente (muchas perdían y perdieron dinero en sus negocios). El corto plazo fue la tónica.

En la carrera por ganar más dinero lo más rápido posible, las empresas de la nueva economía minimizaron la importancia de la eficiencia administrativa y sobredimensionaron el potencial de equipos de trabajo inexpertos. Quisieron olvidar que una empresa, sobretodo, debe vender sus productos de manera satisfactoria para su clientes (¿extraño no?). Hoy, mirando retrospectivamente, han quedado algunas lecciones:

Planes de negocio casi siempre “inspiradores” o “revolucionarios” pero casi nunca rentables.
Se malgastó el dinero de los inversionistas, intentando buscar la mejor tecnología del mercado en el menor tiempo….aunque nunca en la humanidad se ha desarrollado y aplicado tan rápido una nueva tecnología (¿acaso el Internet no es, hoy, una herramienta que hace parte del paisaje normal?), y eso, en parte, se logró gracias al frenesí de inversiones. ¿Desperdicio, o nueva manera acelerada de desarrollar mercados?


Las acciones de las nuevas empresas crecieron demasiado rápido, quizá por el optimismo generalizado que existía, generando una sobre valoración (así es la humanidad, la primera gran especulación accionaria fue hace 400 años con los tulipanes en Holanda).
En la carrera por ser los primeros, se descuidaron aspectos fundamentales en la dirección: las finanzas se llevaron sin planificación, nunca se creó un equipo de trabajo fuerte y competente, y se sobrestimó el potencial del mercado para reaccionar ante la nueva tecnología que se ofrecía (recién ahora el mercado comienza a acostumbrarse a realizar todo tipo de compras y pagos a través de Internet…no es algo natural y espontáneo).

En definitiva, no existía una “nueva economía”, sino la mismo de siempre con nueva tecnología.


Startup.com: un caso de estudio

Como varias empresas en esos años, GovWorks.com, nació de una idea de dos jóvenes estadounidenses que abandonaron la estabilidad de sus empleos para iniciar una empresa basada en Internet. Un documental muy premiado a nivel internacional (“Startup.com”), cuenta la breve historia de este clásico caso de estudio en escuelas de negocios.

El propósito de Tuzman y Herman, fundadores de GovWorks.com, era “facilitar la interacción entre los municipios y los contribuyentes”, se ofrecía básicamente la facilidad de pagar todas las cargas tributarias a través de Internet. El tamaño del pastel era la nada despreciable suma de 600 billones de dólares que anualmente se pagan en impuestos municipales. En mayo de 1999, antes de que se haya asegurado algún contrato con una ciudad, GovWorks había ya recibido 17 millones de dólares de un solo inversionista. Los 6 empleados iniciales se transformaron en 70 para octubre de 1999, y 230 para mayo de 2000. En este mismo plazo, ya se habían recaudado en total 60 millones de dólares provenientes de diferentes inversionistas, y se firmaron contratos con 45 ciudades. Los medios habían convertido en estrellas a los dos jóvenes empresarios, que llegaron a entrevistarse incluso con Bill Clinton (en esa ocasión le ofrecieron un puesto en GovWorks cuando dejara la presidencia).

El rápido crecimiento de la empresa, que carecía de una estrategia definida y compartida por todo el equipo, comenzó a pasar la factura. Pronto, Tuzman y Herman, se dieron cuenta que la tecnología necesaria para lograr la interacción entre los clientes y los municipios, era más compleja de lo pensado, y por lo tanto los costos serían extremadamente elevados. El departamento técnico buscó tener mayor protagonismo en las decisiones de la empresa, llegando incluso a boicotear su propia página Web. El manejo de la logística y el recurso humano, se convirtieron en una pesadilla. La competencia, que había gozado de las mismas facilidades crediticias que GovWorks, se multiplicaba.

En los días finales, el documental retrata la lucha de poder entre los dos amigos, que termina con la renuncia de Herman en mayo de 2001. La situación financiera y administrativa se torna insostenible, por lo que se despiden a 200 empleados que se habían contratado apenas un mes antes, y se decide la venta de GovWorks.com a la competencia EZgov.com. La montaña rusa en la que se embarcaron estos dos jóvenes duró apenas 2 años.


VIDEO RELACIONADO AL TEMA

Buena ideas…malos negocios

Ciertas compañías tradicionales se vieron tentadas por la nueva economía: en 2000, una pequeña empresa de consultores con sólido prestigio y años en el mercado, decidió ofrecer todos sus servicios a través de la Red. La respuesta del público no se hizo esperar, multiplicando los requerimientos tecnológicos y logísticos de la compañía. Los clientes, presionaban constantemente para que se les ofrezca la mejor interfaz visual, con los mejores efectos y a gran velocidad. La empresa de consultores, que antes ofrecía un excelente servicio, se concentró en mejorar su página Web para ofrecer la información más rápido que otros, pero no la mejor (lo que era su fuerte antes). La estabilidad financiera a la que habían estado acostumbrados se fue al suelo, cuando los costos se multiplicaron, y los clientes comenzaron a notar las deficiencias del servicio. Más tarde uno de los accionistas esbozaría lo que se puede considerar como el “manifiesto” de las puntocom: “Renuncia a tu empresa; trabaja hasta el cansancio; échalo a perder; disfruta la experiencia”

En la otra cara de la moneda, varias empresas que sobrevivieron a la crisis de las puntocom, son un claro ejemplo de que la nueva tecnología combinada inteligentemente con viejas prácticas empresariales, pueden ser exitosas. Amazon, Google, Ebay, Ryanair, entre tantas otras, se han concentrado en ofrecer un producto o servicio excelente y diferenciado, utilizando como ventaja estratégica al Internet.

Durante 2002 y 2003, la vieja forma de hacer negocios volvió a estar de moda. La estrepitosa caída de las puntocom había debilitado a varias compañías tradicionales (Microsoft, Cisco, Nortel… cuando sus clientes entraron en crisis) y los inversionistas en general se volvieron más reacios a tomar riesgos innecesarios. Después de pasar varios años tratando de vivir al ritmo de la nueva economía, se volvió a valorar aquellos libros de dirección y estrategia empresarial de los ochenta y noventa.

El Internet de principio del Siglo XXI, fue una idea equivocada sobre la relación entre tecnología y empresa. Se creyó que la revolución de la nueva economía consistía en cambiar todo, y que las reglas y leyes de antes no se aplicaban para las recién creadas empresas digitales. Los jóvenes de camiseta y zapatos deportivos se confundieron con los inversionistas de camisa y corbata, pero todos olvidaron que una buena idea, no necesariamente representa un buen negocio. La ausencia de reglas y de control que existe en Internet, así como la capacidad que nos ofrecen las computadoras para manejar parte del mercado desde nuestra habitación, condujeron a perder la noción de que sea cual sea el tipo de “producto o servicio virtual” que se venda, este tiene que ser comprado por personas de “carne y hueso”, no por otras computadoras. Las reglas del mercado virtual o del tradicional, después de todo, no son tan diferentes..

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Julio José

Muy buen artículo, una vez más. ¡Sigue adelante con éste blog!

Saludos,


Estudiantes politécnicos