PERSPECTIVA TV: UN PROGRAMA PARA ANALIZAR LA ECONOMÍA Y LOS NEGOCIOS

31 marzo 2008

PRECIOS ALTOS: ¿QUIÉN PIERDE?

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El aumento de precios hace de la agricultura un negocio rentable. ¿No será esta una segunda oportunidad para los agricultores del mundo y los países agrícolas?

Nuevamente nos encontramos con una ironía. Si uno ve la respuesta de los Gobiernos a nivel mundial, se puede concluir que la mayoría piensan que los precios altos son malas noticias. Esta conclusión se obtiene tan solo con observar las políticas emprendidas: países como Argentina, Marruecos, Egipto, México, China y Ecuador han puesto controles de precios sobre una gran cantidad de alimentos. Otra gran cantidad de países han puesto restricciones o cuotas a la exportación de alimentos para no afectar la “seguridad alimenticia” (India, Vietnam, varios países de Europa del Este). Y finalmente algunos países, como Rusia y Argentina, han puesto los dos tipos de controles (tanto a nivel de mercados internos como de exportaciones). No hay duda de lo que opinan los Gobiernos… pero ¿es realmente tan mala la subida de precios?

Como dijimos, los precios de los commodities durante los últimos 100 años han venido bajando en forma paulatina. Esto ha hecho que la producción agrícola sea cada vez menos rentable, y ha condenado a gran parte de los países agrícolas ha subsistir en mercados poco dinámicos. El efecto a nivel mundial ha sido un empobrecimiento de los campesinos. Ahora, con un aumento de precios de los productos agrícolas, posiblemente los campesinos puedan finalmente volver a tener un negocio rentable, invertir en tecnología, y comenzar a salir adelante. ¿No será esta una segunda oportunidad para la agricultura -y los agricultores- del mundo? Es una reflexión que no hay como despreciar, porque lo que se está haciendo a nivel mundial es justamente limitando esa prosperidad agrícola.

Lamentablemente, las cosas en economía no son tan sencillas de resolver. Si bien la agricultura mundial podría beneficiarse de precios más altos, ¿qué pasará con los consumidores? Ese lado de la ecuación es muy importante, quizás el más importante, porque la oferta no genera automáticamente demanda. Precios más altos implican menor ingreso real para los consumidores y eso significa una disminución en las compras.

Según Gary Becker, premio Nóbel de economía: si los precios de los alimentos suben en un 33%, los estándares de vida en países ricos se reducirían en un 3%, pero en los países muy pobres se reducirían en un 20%.


Si tenemos en cuenta que 1/3 de la población mundial (2.5 billones de personas), están relacionadas con la agricultura, uno podría pensar que la pérdida de bienestar en el consumo se puede compensar ampliamente por el aumento de ingreso de los campesinos; pero no es así. Según un estudio de Gary Becker, premio Nóbel de economía (tomado de la Revista The Economist): si los precios de los alimentos suben en un 33%, los estándares de vida en países ricos se reducirían en un 3%, pero en los países muy pobres se reducirían en un 20%.

Se aprecia que los precios de los alimentos están subiendo a un ritmo del 12% anual en los países en desarrollo, mientras que solo suben al 2% anual en países desarrollados. Ahí es dónde los Gobiernos tienen motivos para estar preocupados, y de hecho todos deberíamos estar preocupados ante estas cifras. Indudablemente algo hay que hacer… pero cuidado, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

Una política económica que NO se debería implementar es la siguiente: poner controles de precios en forma indiscriminada, sin base técnica y durante largos períodos. Una medida como esa puede ayudar si se hace en forma controlada, muy limitada y con productos específicos que estén sujetos a una especulación temporal. Si se hace a gran escala, genera desabastecimiento de los mercados, precios aún más altos, y campesinos descontentos porque no logran cubrir sus costos de producción (que siguen subiendo de precio a diferencia de los productos que ellos cultivan). Si al control de precios, se le agrega una política de aumento del Gasto, aumento de subsidios y aumento de salarios, lo que estamos haciendo es echar más leña al fuego, ya que se genera un aumento de la demanda muy alto pero como no hay oferta suficiente la presión sobre los precios puede ser insoportable. Lamentablemente, lo más seguro es que los Gobiernos opten por alguna de estas opciones, porque son políticamente “correctas”.

Un tradeoff inesperado

La generación de incentivos para que la gente cambie la gasolina por biocombustibles, que parecía una medida lógica y solicitada a gritos por muchos grupos ambientalistas, ha generado fuertes distorsiones en los mercados mundiales. Pero el alza inédita en el precio de los commodities no viene solo por la “moda verde”. Hay cambios estructurales en los hábitos de consumo de la población mundial, que gracias a un aumento de la riqueza promedio está demandando productos como la carne y leche que antes no eran parte de su dieta. Además, al tener un mundo más urbano, es necesario alimentar cada vez a más gente que se ha desplazado hacia las ciudades.

Los Gobiernos, posiblemente con la mejor voluntad, han generado políticas que están agravando la situación, ya sea por el lado de los subsidios al maíz y al etanol, o por el lado del control de precios y restricción de exportaciones e importaciones. Muchas de esas medidas deberán ser revisadas si se desea reestablecer ciertos equilibrios. Pero en realidad el fin de la escalada de precios parece lejana. Es posible que debamos acostumbrarnos a un mundo donde el pan de cada día sea más caro, a menos que estemos dispuestos a quitar el pie del acelerador sobre los biocombustibles. Lamentable, porque ese es un tradeoff que muchos que no hubiésemos querido tener…

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Precios altos: otros culpables.

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Cuando el Gobierno entra en juego.


Un video en inglés sobre los efectos de los subisidios e incentivos sobre el Etanol y las cosechas de maíz.

Culpar solamente al etanol, a la renovada conciencia ambiental, o al aumento del ingreso a nivel mundial, no es totalmente justo. En condiciones “normales”, el aumento de la demanda de maíz para fabricar etanol, haría que más gente se dedique a sembrar maíz, lo cual aumentaría el precio del maíz, pero como vimos también subiría el precio del trigo porque hay escasez. Hasta aquí no hay nada raro… esto es exactamente lo que ha sucedido en el mercado.

Pero, aquí es donde la cosa se complica. Si el precio del trigo (y de otras cosechas que se han dejado de lado) comienza a subir, eso generaría un incentivo para que nuevos productores ingresen al mercado de trigo para ganar ese beneficio adicional generado por los altos precios y la poca competencia. En el mediano plazo (un par de años), las personas que se dedicaron solo al maíz, se darían cuenta que hay oportunidades interesantes que dejaron atrás en el trigo y que ahora el mercado del maíz se está saturando…. Esta dinámica que parece complicada en el papel, es exactamente lo que que ha venido sucediendo siempre en la agricultura, y por eso es que los precios de productos del campo han sido bastante estables durante los últimos 100 años. ¿Por qué no funciona este sistema ahora?

Aquí entran en juego los Gobiernos. Como ya dijimos, el tema ambiental está de moda, y por lo tanto hay muchos réditos políticos si un gobierno se muestra como ambientalista. Bajo esa lógica, y con muy buena fe, los Gobiernos de varios países, subsidiaron desde hace unos 3 o 4 años, todos los proyectos que tengan que ver con los biocombustibles. En EEUU y Europa, por ejemplo se ofrecen fuerte deducciones de impuestos a quienes pongan plantas que conviertan el maíz en etanol. Y además se ofrecen grandes ventajas para los agricultores que produzcan maíz destinado a ser convertido en combustible.

Y entonces, un proceso de cambio que debía haberse generado en forma paulatina, generó un boom de demanda de cereales, y una escasez casi inmediata de trigo y soya. Si bien, el valor total de la producción del mundo ha crecido (como vimos en el gráfico 2), la composición ha cambiado. En pocas palabras el mercado no estaba listo para un cambio tan radical.

Otro “error” que se le puede atribuir a las políticas públicas y que ha contribuido en forma decisiva para el desequilibrio de los mercados, es la restricción de importación de biocombustibles baratos. En EEUU, por ejemplo, existe un arancel de 54 centavos de dólar por cada galón de etanol importado desde Brasil. Esto se hace con el objetivo de proteger a los productores locales y favorecer a la industria naciente del etanol de Estados Unidos que no es tan competitiva (¿no se le suena conocido este argumento?). El etanol de Brasil es más “limpio” que el de EEUU, y se produce a un costo mucho menor y el precio de venta al público sería más bajo... con esto se lograría reducir en forma significativa la presión sobre los precios de los alimentos.

Pero no solo está el tema de proteger al productor. La industria de los biocombustibles representa para Europa y EEUU, un tema de seguridad nacional y de estrategia geopolítica. Al subir el precio del petróleo, los países miembros de la OPEP ganan mayor poder, no solo económico sino político. Si a eso le sumamos un dólar debilitado, veremos que existen fuertes presiones para generar una industria que haga contrapeso, y parece que los biocombustibles pueden ser una opción lógica. Hay que poner más atención a las propuestas de los candidatos presidenciales en Estados Unidos; ahí se podrá tener una idea de por dónde se enfilarán las estrategias.

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10 marzo 2008

¿QUÉ PASA CON LOS PRECIOS?

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Desde que se tiene registros estadísticos, no se veía en el mundo un crecimiento tan sostenido de los precios de todos los productos básicos (los famosos commodities). El petróleo, el acero, el cobre, siguen subiendo de precio, pero más preocupante aún, es la subida del trigo, la carne, la leche, el maíz, etc… Hay fuertes desequilibrios en los mercados mundiales, que afectan a los mercados de todo el plantea y por supuesto, también, a Ecuador. “Olvídense del petróleo, las próximas crisis serán por alimentos….”, es una de las frases que más se lee en las revistas y periódicos especializados de todo el Mundo. ¿Es así?


Si uno mira la evolución de los precios de commodities durante los últimos 100 años, se aprecia a simple vista, una clara tendencia a la baja. Por su naturaleza, los productos básicos o en estado bruto, pertenecen a mercados muy competitivos en los que el precio varía constantemente pero casi siempre a la baja. Los empresarios que decidían ingresar en estos mercados sabían a qué atenerse, pues los márgenes de ganancia han sido siempre muy bajos y era poco lo que se podía hacer para cambiar esa realidad porque los commodities son casi idénticos y no se les puede agregar mucho más valor del que ya poseen en su estado natural. Esa fue la realidad del mundo durante los últimos 100 años, con escasos períodos en los que los índices de precios subían en forma momentánea (guerras mundiales, crisis en sectores específicos, etc…).

Con el nuevo milenio vinieron cambios importantes y sostenidos en el precio de los commodities. Para sorpresa de todos, esta vez no parece ser un alza temporal, porque vamos ya ocho años en los que el índice de precios registra crecimientos.

Los últimos meses del 2007, desbordaron cualquier previsión sobre el precio:
El maíz comenzó el año pasado con 160 USD por tonelada métrica (TM) y cerró con 185 USD. No parece demasiado, pero consideremos que en el año 2006 el precio fue de 102 USD/TM; eso es un aumento de 76% en dos años.
El trigo tuvo el año pasado su período de crecimiento más alto de los últimos 50 años, y según registros más antiguos sería el crecimiento anual más alto del último siglo. El año 2007 arrancó con 199 USD/TM y en diciembre ya se habían alcanzado los 369 USD/TM, un crecimiento del 85% en solo un año.
Los precios de los aceites naturales de Soya y de Palma, crecieron entre en los últimos dos años, 113% y 134% respectivamente.

Algo extraño está sucediendo en el mercado mundial de productos naturales comestibles, y la tendencia al alza se está acelerando. Según la revista The Economist, los precios de la comida subieron:
Entre Ene-06 y Ene-07: 15%
Entre Ene-07 y Ene-08: 49%

¿Qué está pasando? Será este el punto de inflexión en la capacidad alimentaria del mundo, que tanto habían temido y anunciado ciertos analistas (algunos de la talla de Malthus, por ejemplo).

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El costo de lo "verde": precios altos.

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Hoy por hoy, ninguna reunión familiar estaría completa sin una buena discusión sobre el calentamiento global. A eso sumemos temas más “rebuscados” como los productos orgánicos, la captura de carbono, o los biocombustibles, y tenemos una muestra de qué tan importantes y cotidianos se han vuelto los temas ambientales. Y justamente ahí, está el siguiente sospechoso por el alza mundial de precios de los commodities.

Resulta que, cuando el precio del petróleo se sitúa alrededor de los 70 dólares por barril, los biocombustibles se vuelven rentables en muchos países incluso si tenemos en cuenta solo la incipiente tecnología actual. Entonces, con un petróleo que está cerca de los 100 dólares, el negocio de los biocombustibles se vuelve sumamente atractivo para los inversionistas privados y también para los gobiernos. Y como hay más presión de los ciudadanos por obtener tecnología más limpias y amigables con el ambiente, rápidamente se implementan fábricas alrededor del mundo para transformar alimentos en combustibles (según el país: caña de azúcar, palma o maíz).

Ahí tenemos entonces una explicación al alza de los últimos 2 o 3 años en el precio de los commodities. Para producir etanol o biodiesel, se requiere una gran cantidad de materia orgánica; como no existe suficiente, el precio de la materia prima sube. Al subir el precio, se generan altísimos incentivos para que los agricultores siembren más palma, caña y principalmente maíz; pero para hacer eso deben inevitablemente dejar de sembrar trigo, por ejemplo.

El resultado en los mercados internacionales es que el precio del maíz (y la caña, y palma) sube porque hay una muy fuerte demanda que los utiliza como materia prima, mientras que el precio del trigo también sube, pero porque hay escasez. Dos razones distintas de un aumento de precios generalizado, que genera una avalancha de especulación en otros mercados que no necesariamente están relacionados con los biocombustibles, como la carne y los lácteos.

Hasta aquí, uno podría inclinarse a pensar que los que salen más beneficiados en todo el sistema de producción, son los productores de biocombustibles, y que a ellos les viene muy bien que los precios sean altos porque así obtienen mayor rentabilidad. Pero en este mercado existe una importante ironía (por llamarle de alguna forma); la materia prima natural representa entre el 70% y el 80% del costo total de producción de etanol y biodiesel, por lo tanto, si bien los productores de estos combustibles son los responsables del alza mundial de precios de los commodities, son al mismo tiempo las víctimas. Y entonces, ¿Cuál es la piedra angular de todo esto? El petróleo.

Si el precio del petróleo sigue subiendo, existirán mayores incentivos para producir biocombustibles, y hará que los precios de los alimentos suban, y consecuentemente encarecerá más la producción de etanol y biodiesel. Todo este círculo depende del precio del petróleo, esa es la “señal” que mueve a este mercado.



Entonces, tenemos una preocupante situación, ya que todos queremos un mundo más limpio y un desarrollo sostenible, pero si es a costa de perder nuestra provisión de alimentos, habrá que pensar en un nuevo modelo de producción de biocombustibles… O quizás, el problema no son los biocombustibles y el hecho de utilizar alimentos en el proceso productivo, sino la intervención de agentes externos al mercado (hay subsidios de gobiernos que están generando fuertes presiones en el mercado... pero ese tema lo dejamos para otro análisis).
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