PERSPECTIVA TV: UN PROGRAMA PARA ANALIZAR LA ECONOMÍA Y LOS NEGOCIOS

18 junio 2008

JEFFERSON PEREZ, LOS IMPUESTOS Y LA EDUCACIÓN

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RESUMEN: Tomado prestado el ejemplo del gran campeón ecuatoriano, vamos a hablar sobre competitividad, la equidad social y los efectos de la mala intervención estatal. Comenzaremos tratando de responder en términos económicos a la pregunta: ¿Está bien que ganen "tanto" dinero los deportistas? Aplicando el ejemplo de Jefferson, veremos lo que significa en términos reales el tema de una mayor "equidad social" mal concebida. Y algunas ideas sobre lo que debemos y nos debemos hacer frente a la educación...

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Jefferson Perez, es el mejor deportista ecuatoriano de todos los tiempos. Ha demostrado tener condiciones excepcionales no solo en el lado deportivo, sino también en lo humano. Gracias a su destacada participación en varias competencias mundiales ha logrado aumentar su nivel de ingresos en forma considerable, lo cual seguramente, le permite vivir con mayor holgura. El caso de Jefferson no es el único. Están también, por ejemplo, los futbolistas de la selección ecuatoriana, quienes han logrado clasificar dos veces consecutivas al mundial, y con ello han incrementado sus cuentas bancarias.

Uno puede preguntarse: ¿Está bien que los deportistas ganen “tanto” dinero? Sin duda, este es un asunto que se puede discutir desde varios puntos de vista, pero concentrémonos en lo económico, para no complicar el análisis.

Al igual que cualquier otro bien o servicio que se intercambie en el mercado, los servicios que prestan los deportistas están sujetos a la oferta y la demanda. Es correcto decir, por ejemplo que los deportistas con talento son, en sí mismo, un “bien” escaso. Si esto no fuera así, estaríamos cubiertos de medallas de oro, y hubiésemos sido campeones del mundo hace rato. Entonces, como todo bien escaso, un deportista como Jefferson Perez, o un buen jugador de fútbol, será más cotizado, su valor en el mercado subiría, y podría recibir mayores ingresos. Pero todavía no logramos responder a nuestra pregunta: ¿Está bien que un deportista gane “tanto” dinero?

Siguiendo el razonamiento anterior, la respuesta es SÍ, porque su excepcional talento, hace que las personas quieran seguir paso a paso sus carreras, lo cual genera un gran movimiento de dinero alrededor de él: camisetas, publicidades, derechos televisivos, etc… Jefferson -por ejemplo- ha conseguido dinero, medallas y reconocimiento, gracias a su esfuerzo, y porque los ecuatorianos estamos dispuestos a comprarle lo que “vende”: triunfo y optimismo.

Hay una ventaja adicional. Además de entregar triunfo y optimismo a la sociedad ecuatoriana, Jefferson contribuye con algo más palpable; en el año 2006 declaró más de 43.000 dólares en impuesto a la renta. Pero, qué tal si algunas personas consideran que la alegría que nos brinda Jefferson con cada triunfo y su contribución en impuesto a la renta, no son suficiente recompensa, y que por lo tanto debería hacer “una mayor contribución a la sociedad”. Eso sería justo y lograríamos una mayor y mejor redistribución de la riqueza. ¿No es así? No del todo.

Si bien ansiamos un país donde haya una mayor equidad, esta puede no ser la mejor solución. Sigamos con el tema de Jefferson, y supongamos que para volver más “justa” la situación, el Gobierno o el Comité Olímpico o quién sea, decide cobrar un impuesto adicional por cada carrera ganada. Eso sería más justo… ¿Justo? ¿Para quién? Ciertamente no para Jefferson, quién posiblemente todavía tendría incentivos (no-monetarios) para seguir ganando carreras, pero el pago que recibiría sería mucho menor; y si el nuevo impuesto es demasiado alto es posible que ganar carreras ya no sea rentable para él, y entonces sus costos de preparación física y los gastos en que incurre para prepararse, no serían cubiertos. Y si es que los incentivos para seguir compitiendo desaparecen, entonces el noble objetivo del impuesto -mejorar la equidad- no se consigue. El Gobierno no recauda su impuesto, los fanáticos no se regocijan con el triunfo, y Jefferson baja su nivel competitivo. Son efectos totalmente contrarios a los esperados.

En este punto, conviene eliminar los nombres. Lógicamente, este artículo no es sobre Jefferson Perez, aunque hemos tomado su nombre prestado (lo cual he hecho con todo respeto para el gran Campeón). En pocas palabras -sin etiquetas- esto es lo que hemos visto: un producto o servicio se vuelve muy valorado por los consumidores, y como hay pocos substitutos (escasez), el precio sube, lo cual implica que alguien está ganando más dinero. Para volver la situación más justa y equitativa, cobramos un nuevo impuesto a quienes han comenzado a ganar más, pero el efecto es el contrario al deseado porque la actividad gravada se vuelve menos rentable.

Sí, es cierto, este es un caso extremo e hipotético ¿Le parece que no tiene relación con la economía actual? Veamos.


Impuesto a los colegios privados.

Pensemos en esta propuesta que se hizo por parte del Gobierno hace algunos meses, que será probablemente discutida en la Asamblea Constituyente (o retomada más adelante en otro campo): los colegios privados deberán pagar un impuesto (se ha hablado de entre un 12% y 15%) cuando sus pensiones sean superiores a los 3000 dólares anuales. Los motivos serían, según el propio Gobierno:


A) Incentivar el uso del sistema educativo público.

B) Gravar con impuestos a aquellos colegios que ven a la educación como una actividad lucrativa.

C) Mejorar la equidad del País.

Tratemos de ir a analizando estos aspectos.


A. Incentivar la educación pública:

Jefferson Perez es un excelente marchista, pero admitámoslo, nos encantaría que pudiera también desempeñarse como corredor de 100 metros planos, porque es una disciplina que tiene mucha cobertura de la prensa a nivel mundial (imagine lo atractivo que sería el tener a un ecuatoriano como el “hombre más rápido del mundo”). Así que el Gobierno decide que a partir de ahora, Jefferson no recibirá un solo dólar si se dedica a la marcha, pero cuantiosos premios si se dedica a los 100 metros planos. ¿El resultado? Perdemos un excelente marchista, y ganamos un corredor de mediano nivel (estoy especulando, pero es muy posible que Jefferson no llegue a ser nunca tan buen corredor, porque lo que él sabe hacer en forma excepcional es marchar)

Incentivar a la educación pública a costa de la educación privada no es la solución. Estamos afectando a una actividad competitiva, que está contribuyendo en muy buena forma al desarrollo del país (aunque por supuesto también tiene deficiencias). El efecto de un mayor impuesto sobre la educación no afectará a quienes más dinero tienen, pues ellos lograrán acomodarse para pagar ese adicional porque “pueden” hacerlo. Afectará a los padres de familia de ingresos medios, que ya no tendrán la opción de optar por educación privada.

La forma de incentivar el uso de la educación pública, es mejorar el nivel de los profesores, construyendo más y mejores escuelas, reformando las mallas curriculares, y despolitizando su manejo. Así las personas, verán un cambio en la calidad de la educación pública y optarán libremente por poner a sus hijos en instituciones fiscales, no porque la educación privada se haya vuelto más cara sino porque la educación publica se volvió más competitiva.

Claro, en Estados Unidos y en Europa existen impuestos para la educación privada, pero hay marcadas diferencias entre esos colegios públicos y los de Ecuador. No son realidades comparables…



B. Actividad lucrativa

Volvemos a la pregunta de antes ¿Es justo que los colegios sean manejados como un negocio, y ganen “tanto” dinero? Si todos los colegios fueran privados, indudablemente estaríamos en un gran problema social, porque al regir un sistema de oferta y demanda, todos aquellos que no puedan pagar el costo de la matrícula quedarán relegados del mercado, lo que en este caso significa quedarse sin educación. Muy grave e inaceptable desde cualquier punto de vista. Por eso, existen colegios públicos, que deben ofrecer educación de igual calidad a la de los colegios privados pero a una fracción de su costo (incluso sin recuperar la inversión financiera, porque ahí lo que importa es la inversión social).

Hay colegios en el Ecuador que cobran una pensión de más de 1000 dólares al mes. ¿Injusto? Mirémoslo de otra forma. Un niño paga al mes 30 dólares en un colegio fiscal, pero recibe la misma calidad de educación, con las mismas oportunidades que un niño de colegio privado. Si esa fuera la realidad, la persona que paga 1000 dólares, debe estar actuando en forma irracional, y sin duda, un colegio que cobre esa suma de dinero no lograría atraer niños a sus aulas porque todos estarían en el colegio que cobra 30 dólares. ¿Entonces cuál es el verdadero problema? ¿Lo que cobra el colegio, o el valor agregado que otorga a cambio de la pensión? Nuevamente el tema de la calidad de la educación ronda nuestra mente.

Existen colegios caros porque hay gente dispuesta a pagar por ellos. Punto. Nada ganamos como sociedad limitando el negocio de los colegios privados. El propio mercado (los padres de familia) se encarga de castigar a los malos colegios, quienes no podrían mantener pensiones tan altas a menos que estén haciendo algo bien, o que no haya las alternativas suficientes que generen una sana competencia. El problema en Ecuador es que esas alternativas no están disponibles…


C. Mejorar Equidad


Volvamos a nuestro ejemplo ¿Qué implicaría tener una mayor equidad en una competencia deportiva? Posiblemente, lo que haríamos es pedir que Jefferson vaya más despacio para que los marchistas más lentos puedan alcanzarlo, y que todos lleguen a la meta tomados de la mano y felices. Sí, eso sería lo más equitativo. Pero no es lo más eficiente. Por que en ese caso, el promedio general al que corren todos ha bajado, y ciertamente, Jefferson ha sido menos productivo (y si a esto agregamos el hecho de que se ha perdido el incentivo personal de ganar la competencia y ser el “mejor”, vemos porqué es tan mala opción).

En el caso de los colegios hay dos opciones: hacer que todos “salten hacia arriba” o que todos “salten hacia abajo”. En la segunda opción se logra una mayor equidad pero los colegios se vuelven menos eficientes. En la primera opción, los colegios privados se quedan donde están, pero los públicos elevan su nivel; puede ser que todavía haya algo de inequidad, pero la ganancia para la sociedad al tener una mejor educación es mucho más alta.

Bueno, y entonces si éstas no son opciones eficientes ¿Qué podemos hacer?


Mover la partida, no la meta.

¿Qué tal si en lugar de aspirar a metas más bajas, al reducir el tamaño de la pista o al hacer que todos los corredores lleguen al mismo tiempo, les damos un empujón a quienes están más atrás, pero dejamos que el que siga marcando la pauta de la carrera sea el corredor más rápido? Eso reduce la inequidad, pero mantiene la competitividad. ¿Es posible?

En la vida real, en el caso específico de los colegios, dar un “empujón” a los de abajo, equivaldría a dar mejores oportunidades a quienes tienen que (o quieren) optar por la educación pública. Ahí por ejemplo, se puede dar un subsidio directo para que los padres de familia elijan en qué institución les conviene educar a sus hijos. Ese subsidio sería diferente a una educación totalmente gratuita pues implica que los padres se involucren en la toma de decisión e incluso pongan una contraparte económica (cuando sea posible). Esa es una opción.

Pero, finalmente volvemos a lo mismo. La forma más adecuada de reducir las injusticias y equiparar las oportunidades de los ecuatorianos es mejorar la calidad de la educación pública, y eso no se logra desmejorando la privada.

El punto de partida es más importante que la meta. No se trata de bajar a los que van arriba, sino de subir a los que van abajo. ¿No es eso más eficiente y justo a la vez?.

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11 junio 2008

¿Cómo se sentirá la recesión en Ecuador? Estrategias y propuestas

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RESUMEN: El mundo entero ha entrado en una espiral inflacionaria que no parece tener solución en el corto plazo, y ya hay serias preocupaciones respecto a la falta de alimentos básicos. Escenas que no se veían desde épocas de guerra, en las que las empresas privadas de Europa y EEUU, específicamente Carrefour y Wallmart, han tenido que emitir cupos en la venta de ciertos cereales, para evitar un desabastecimiento… y una histeria colectiva.

La recesión se aproxima y eso requiere acciones estratégicas inmediatas. En el Ecuador todavía no podemos hablar de recesión, pero sin duda estamos ante un cambio de tendencia importante que se venía anticipando desde el año pasado, y eso genera grandes preocupaciones en la población general y en los empresarios. Pero lo primero, es entender en qué suelo estamos pisando. Lea el artículo completo. .

(tomado de un artículo que acabo de escribir en la Revista Perspectiva del IDE-Business School - http://www.ideinvestiga.com)/

A pesar que muchos podemos pensar lo contrario, la situación económica del Ecuador durante los últimos 3 o 4 años, ha sido bastante estable. La inflación, al menos hasta mediados del año pasado, estaba bastante controlada; el sistema financiero ha dado importante signos de recuperación al mejorar su nivel de depósitos y créditos; la confianza de las familias en el futuro de la economía había mejorado y eso se tradujo en mayor consumo y dinamismo en los mercados; etc… Como algunos de los lectores de mi blog recordarán (y de la Revista Perspectiva del IDE-Business School), mencionamos en varias ocasiones, que esta “ventana” de estabilidad no se mantendría eternamente, y que era hora de trabajar a nivel de políticas de competitividad microeconómicas (infraestructura, servicios, aduanas, simplificación de trámites, etc…), mientras la macroeconomía nos daba un respiro.

Pues bien, esa ventana de estabilidad parece estar a punto de cerrarse (si es que no lo ha hecho ya). La inflación de este año será con toda seguridad superior al 10%, las remesas en volumen se han desacelerado (incluso con la gran “ayuda” de la devaluación del dólar), la inversión extranjera está en un punto muy bajo, el crecimiento del PIB de 2007 fue muy pobre y el de 2008 no parece que será mejor. Es decir, en general se comienza a configurar un panorama más sombrío que el que teníamos hace 3 o 4 años (ojo, en ese momento la situación económica tampoco era digna de aplausos, pero sin duda había más aspectos positivos que destacar).

Pero seamos sinceros, incluso en un panorama tan complicado como el detallado en el párrafo anterior, podemos encontrar que el impacto de la situación económica tendrá impactos muy diferentes, según el tipo de industria o sector en el que nos encontremos.



Exportadores:


Quienes exportan hacia Estados Unidos, sin duda verán complicada su situación durante este año. El consumo en ese mercado está cayendo, y los bienes exportados desde Ecuador son en su mayoría muy sensibles al precio o ante una variación negativa del ingreso familiar; en pocas palabras, la demanda va a ser menor.

Quienes exportan hacia otros mercados, por ejemplo Europa y Asia, pueden experimentar un aumento de sus ventas durante los próximos meses, debido básicamente (y únicamente) a la devaluación del dólar que abarata nuestros productos en esos mercados. En este último caso, la devaluación del dólar puede verse como una tabla de salvación, pero ojo, puede ser un arma de doble filo. Recuerde que cuando una moneda se devalúa hay otra que se aprecia, es decir que si el dólar se vuelve barato el euro se vuelve caro. ¿Qué nos importa el euro? Pues bien, al apreciarse el euro, las exportaciones europeas se vuelven más caras y menos competitivas, eso genera una contracción de la economía en varios países, lo que a su vez contribuye a reducir el nivel de consumo de las familias europeas, quienes dejarán de adquirir exportaciones ecuatorianas.

¿Pero no dijimos que nuestros productos se han vuelto más baratos? Por efecto de la devaluación del dólar sí, pero esa “ventaja” puede no ser suficiente para compensar la caída en el consumo si la economía de Europa no crece. Y además, recuerde que los precios de los productos básicos (justamente los exportados por el Ecuador) han subido en forma considerable en el mercado internacional; ahí hay un “tradeoff” muy claro: precio más alto pero menores ventas. Esto último no es necesariamente malo, pero hay que estar concientes que es un efecto temporal.

LA RECOMENDACIÓN: No abandone el mercado de Estados Unidos de inmediato, la recesión durante este año puede ser dura, pero hay que estar listos –desde ya- para la recuperación posterior que siempre viene con fuerza. Momentáneamente, y mejor si es parte de una estrategia de largo plazo, diversifique sus mercados. Si usted ya se ha enfocado en Europa o el Asia, aproveche el beneficio temporal que otorga el dólar devaluado, recuerde que frente a nuestros competidores (Sudamérica), tenemos una gran ventaja. Pero cuidado. No confunda este buen desempeño con una mejora en la demanda o con un cambio de gustos y preferencias del consumidor, la gente puede estar comprando más solo porque el precio es conveniente hoy, pero mañana las compras pueden caer muy rápidamente. Aproveche la bonanza de la devaluación pero no la sobredimensione.




Importadores:

En general, el panorama no es bueno por este lado. Los insumos y bienes importados se adquieren a precios más altos en el mercado internacional, eso genera una fuerte presión sobre los costos. Con la economía del Ecuador creciendo este año a niveles de entre el 2%-3%, será muy difícil que se pueda seguir financiando el incremento de importaciones que se ha dado en los últimos 4-5 años.

Sin embargo, al igual que para las exportaciones, hay que diferenciar los casos. Quienes importan desde Europa decididamente tendrán que vérselas con un euro fuerte que encarecerá los productos, ventajosamente gran cantidad de los bienes importados desde el Viejo Continente son de tecnología o industriales, lo que hace que sean menos sensibles a una variación de precio; en pocas palabras, se puede subir ligeramente el precio sin que la demanda final tenga una variación negativa demasiado fuerte (son más inelásticos).

Para las importaciones provenientes de Estados Unidos, que representa el 20% del total, no habría un “castigo” por el tipo de cambio ya que utilizamos la misma moneda. Los precios en EEUU, se han mantenido bastante controlados a diferencia de lo sucedido en el resto del mundo, pues la inflación bordea el 4.5%. Ese es un dato relevante para los importadores, porque se puede esperar una menor volatilidad en las compras. Por supuesto, los productos agrícolas (maíz, trigo soya), sí han experimentado, al igual que en todo el mundo, un incremento considerable.

Para el resto de importaciones, provenientes en un 65% de Sudamérica, que son eminentemente de productos primarios y manufacturados, se espera un aumento de precios pero no demasiado excesivo. Si bien la mayoría de países están experimentando alta inflación interna, la devaluación del dólar no ha afectado en forma tan contundente a las monedas de la región. El mayor problema con América Latina, es que una gran cantidad de países están introduciendo controles de precios, prohibiciones de importación y restricciones de exportación; eso puede generar de la noche a la mañana, escasez en los mercados y precios más altos. Si usted, importa desde Argentina, por ejemplo, es muy posible que experimente problemas serios de abastecimiento.



LA RECOMENDACIÓN: Si usted está en un mercado que permite trasladar ciertos costos al consumidor, hágalo, pero con cautela. Por ejemplo, evite trasladar el aumento de costos generado por la devaluación del dólar; en cambio, el consumidor estará más receptivo a pagar un poco más si el aumento de costos está relacionado con el aumento –tan publicitado- en el precio de los commodities). Amplié sus pagos a proveedores, ubique nichos más y menos sensibles al alza de precios, y en general tenga muy en cuenta las estrategias de precios que detallamos más adelante en este mismo artículo. Prepárese para días difíciles…



Mercado nacional:
Quisiéramos enfocar esta parte del análisis en la “anatomía de recesión”: ¿Cómo reaccionan las empresas, los consumidores y el Gobierno?

Cuando la economía crece, la inflación es baja y la inversión privada se mantiene en niveles adecuados, los consumidores responden con un aumento del consumo. Eso a su vez genera mayores inversiones, más créditos y mayor crecimiento económico. Es un círculo virtuoso, muy parecido al que vivimos en el Ecuador y buena parte de América Latina entre 2004 y mediados de 2007. Lastimosamente, por diversas causas que hemos analizado en anteriores ediciones de Perspectiva (vea todos los artículos centrales de este año), estamos entrando en una espiral descendente.

Los empresarios tienen expectativas muy negativas. Y los consumidores que hasta el año pasado mantenían un empuje positivo, ahora debido al pobre crecimiento económico, y a la alta inflación, se están volviendo más reacios a consumir. En el Ecuador todavía no podemos hablar de recesión, pero sin duda estamos ante un cambio de tendencia importante que se venía anticipando desde el año pasado.

Resumiendo en forma general lo que sucede en una recesión o enfriamiento:

Consumidores menos dispuestos a gastar. Todos se tornan más sensibles al precio y comienzan a hacer comparaciones más minuciosas. Por ejemplo, generalmente uno no se preocupa por comparar el ahorro en una libra de arroz, pero durante un periodo de alta inflación, se compara hasta el centavo. Por lo general el “valor agregado” de un producto pasa a segundo plano, y el precio se convierte en el factor más importante de la compra.

Inestabilidad laboral. Algunas empresas, recortan sus planes de inversión, dejan de contratar, y en casos extremos despidan sus trabajadores menos calificados. Eso a su vez presiona al consumo… hacia abajo.

Conseguir crédito es más difícil. A pesar que es posible que el ahorro aumente ligeramente (debido a que la gente consume menos), los bancos estarán menos dispuestos a prestar, o en todo caso serán más estrictos.

La competencia se mueve. ¿Hacia dónde se mueve? Bueno generalmente, las empresas tratan en forma casi deseperada de aferrarse al mercado y salir de números rojos, y para eso es posible que haya cambios drásticos de precios. Además, las empresas comenzarán a explorar -por necesidad- nichos que antes no eran tan atractivos. En general, se puede esperar más competencia… no menos.

El Gobierno interviene. No hay mejor justificación para intervenir en el mercado, que cuando se produce una recesión. De hecho, muchas veces son los mismos empresarios y consumidores los que piden a gritos que el Gobierno regule y controle todo (para comprobar eso, basta ver lo que dicen los gremios, y los consumidores cuando son entrevistados). Así, es muy posible que se vean controles de precios, subsidios, importaciones directas del Gobierno, y en casos más extremos prohibiciones a la exportación.


Por todo lo expuesto, los próximos meses requerirán decisiones estratégicas importantes por parte de los empresarios. Decisiones que no solo les permitan sobrevivir, sino mejorar su posición competitiva de largo plazo. .
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06 junio 2008

¿JUSTICIA CIEGA O ESTA CIEGA LA JUSTICIA?

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RESUMEN: Realizábamos un análisis sobre las estrategias detrás del éxito (o los más recientes sinsabores) de McDonald´s, cuando hallamos informaciones alusivas a la delicada situación que enfrentarán en el futuro las empresas de comida rápida, a causa de las demandas legales interpuestas por los consumidores. Sabíamos que las demandas eran comunes, pero no estábamos conscientes de hasta dónde eran capaces de llegar los demandantes. Decidimos por lo tanto, investigar más a fondo estos casos. Los resultados son sorprendentes.... Este es un artículo que escribí hace algunos años, pero que me ha parecido interesante reproducir en el Blog.


El primer caso que nos llamó la atención, es justamente McDonald´s, la más famosa y reconocida multinacional, querida por muchos, odiada por otros. Esta empresa ya ni siquiera lleva la cuenta de las demandas legales planteadas por consumidores, empleados y competidores furiosos.

¿Había oído hablar de Stella Liebeck? Es un personaje muy conocido en Estados Unidos, pues ella recibió una indemnización de 2.9 millones de dólares en 1992. Resulta que Stella compró un café en un McDonald´s, salió en su vehículo, se detuvo para tomarlo y por descuido, se lo regó encima. Resultado: quemaduras de tercer grado a causa de la temperatura del café. Este caso se volvió tan popular que se creó el “Stella Award”, un premio que se otorga a los casos más ridículos, pero reales, de demandas legales.

En un documental realizado por Morgan Spurlock (mitad presentador, mitad comediante de MTV), el director se somete a una dieta estricta de hamburguesas durante 30 días. El resultado (lógicamente) después de desayunar, almorzar y cenar comida chatarra por un mes, fue el aumento de casi 30 libras en su peso y un crecimiento cercano al 100% en su colesterol. Puede sonar dificil de creer, pero el documental ha sido el detonante de una ola de juicios por parte de obesos norteamericanos que culpan a McDonald´s de su gordura. Por ejemplo, Caesar Barber de 56 años, acusó a las cadenas de comida rápida de su diabetes, obesidad y problemas del corazón, pues a través de la publicidad “fue obligado” a comer comida chatarra cerca de 5 veces a la semana. El caso fue desestimado por la justicia, pero después de que el documental sea estrenado en un par de meses, seguramente se verán más de estas demandas.

Cuando demandar es la ley

Motivados por estos absurdos, exploramos el Internet en búsqueda de más casos de demandas increíbles, y encontramos varias páginas que ofrecen recuentos de cientos de casos reales. No pudimos resistir la tentación de pasar varias horas en portales como www.stellaawards.com, www.overloyered.com, o la muy irreverente y directa página www.workorspoon.com. Encontramos cosas dignas del museo de la fama, o incluso de la cárcel.

¿Qué haría usted si es golpeado por un rayo en medio de un parque de diversiones? Seguramente, dar gracias de estar vivo y pensar en los avatares que tiene la vida. Pero, Shawn Perkins de Indiana, decidió demandar al parque de diversiones, por no haberle advertido de lo peligroso que era estar a la intemperie durante una tormenta. Otro caso: si su doctor le dice, reiteradamente, que debe alimentarse mejor, hacer más deporte y dejar de fumar, ¿lo demanda? Es lo que hizo Ann McCormick, cuando descubrió que tenía presión alta, y colesterol elevado, todo porque el doctor “no insistió lo suficiente” para que dejara sus malos hábitos.

Robert Rice, un prisionero que demandó al Estado de Utah, por no permitirle practicar su religión, debería recibir una condecoración. Rice sostiene que su religión “Vampirismo Druida”, le exige tener contactos sexuales regulares con una “vampiresa” y una dieta especial (basada en sangre por supuesto). La demanda fue revisada por un juez y desestimada, porque “no se permiten los contactos sexuales en las prisiones”. No se hicieron comentarios sobre su religión.

El caso que se lleva el primer puesto, es el de la oficial de policía Marcy Noriega, quien por tratar de tranquilizar a un sospechoso (ya esposado y en la patrulla), quiso sacar su pistola de descargas eléctricas (llamada “Taser”), pero se confundió y sacó su pistola 9mm, matando instantáneamente al sospechoso. Noriega, respaldada por el departamento de policía, niega su culpabilidad, y en cambio, entabló una demanda contra los fabricantes de la pistola eléctrica, porque “cualquiera puede equivocarse entre una pistola normal y la pistola Taser”. Recuerde que hablamos de oficiales supuestamente entrenados y profesionales. El juicio aún sigue su curso.

¿Qué es peor, una justicia corrupta e ineficiente como la ecuatoriana, o un sistema como el norteamericano que se presta para ciertos juegos de los demandantes, pero que finalmente sirve de algo y entrega justicia para la mayoría?.

A MI AL MENOS SIN SABER NADA DE DERECHO Y LEYES, LA PELÍCULA ME QUEDA CLARA.... PREFIERO UN SISTEMA LEGAL MÁS TRANSPARENTE COMO EL DE EEUU, Y QUE NO SOLO FUNCIONE PARA LOS QUE PUEDEN PAGAR, O LOS QUE ESTÁN EN LA "ARGOLLA".

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