RESUMEN: Con la crisis financiera mundial y su origen en la especulación financiera, surgen renovadas dudas sobre el modelo de mercado ¿Es este el fin del capitalismo? Un análisis sobre los origenes de la crisis, el fin de una Era... pero ciertamento no el fin de la economía de mercado. (HAGA CLIC PARA VER EL ARTICULO COMPLETO)Hasta ahora, la crisis más fuerte desde 1929 se ha llevado por delante a una serie de iconos del sistema financiero mundial. Morgan Stanley, Goldman Sachs, Merryl Linch, que eran para la mayoría de nosotros referentes del sistema monetario del siglo XX, pasaron del cielo al infierno en unas pocas semanas. Esto por sí solo ya es suficiente para pensar que algo grave está pasando en la economía de mercado. Pero la crisis actual no solo ha borrado de un plumazo a esos grandes nombres, sino que amenaza con dejar una huella mucho más profunda y duradera. Una que debilitaría las bases mismas del capitalismo tal como lo conocemos y podría significar el inicio de un nuevo modelo económico mundial. Pero no está para nada claro cuál sería ese nuevo modelo.
Lo cierto es que el sistema ha fallado, y ahora no faltan los políticos que anuncian que siempre supieron que algo andaba mal, en una suerte de “te lo dije”. Nicolás Sarkozy llamó a “repensar el capitalismo” y mencionó “que la legitimidad del Estado para intervenir en el sistema financiero ya no está bajo cuestionamiento alguno”, Angela Merkel mencionó que “hace algunos años estaba de moda decir que el Estado sería más débil en un mundo globalizado” y agregó la Canciller alemana “nunca compartí esa visión”. Otros más radicales en Oriente Medio y en América Latina, han comentado que este es el fin del “capitalismo salvaje” y de la “anarquía del mercado”. ¿Qué está pasando? ¿Es este el fin de la economía de mercado y del modelo que la sustenta, el capitalismo?
¿Qué falló?
Por supuesto, nuestro primer instinto nos hace pensar que lo que falló fue lógicamente el mercado. Y en este sentido lo que más se escucha en este momento es que el libre mercado no se auto regula como lo sostiene la teoría clásica. Quienes abogan por esta postura sostienen que siempre se ha sabido que el mercado perfecto no existe y que los mercados no funcionan bien. De hecho, si se lo deja en libertad sin ninguna restricción ni control, el mercado hará justamente lo que acaba de pasar: desplomarse. Y como el mercado no se auto regula entonces requiere ayuda del Estado para funcionar, o incluso –en una expresión más radical- el mercado no debería existir porque el Estado puede suplir todas las necesidades de mejor forma.
Es cierto, que los mercados fallan, pero eso no es lo importante para entender qué pasó. Para entender los orígenes de la crisis hay que remontarse a la otra gran crisis de inicios del siglo XXI, la de las empresas puntocom en el año 2001. El detonante de aquella crisis fue en el fondo muy similar a lo que acaba de suceder en EEUU.
Hace una década, los inversionistas sobredimensionaron los proyectos de las empresas tecnológicas (las de la llamada nueva economía), y entregaron capital a emprendedores sin las garantías necesarias, y sin un plan de negocios concreto. Cualquier idea basada en Internet, por más descabellada que fuera era financiada. Lógicamente, el sistema colapsó cuando se vio que las ideas no se materializaban en negocios rentables, y resultó que la nueva economía se regía por las mismas reglas de la vieja economía (un proyecto que no es viable ni rentable no debería ser financiado… y punto).
En forma similar la crisis actual se inició cuando los bancos comenzaron a entregar créditos sin garantías a personas que no debían haber tenido acceso a crédito. Si las empresas puntocom enceguecieron al mercado hace diez años, ahora fueron los bienes raíces. El precio de las viviendas seguía en alza, y a medida que se entregaban más créditos, más subía la demanda y los precios volvían a trepar. Con eso era incluso más fácil que antes obtener un crédito, porque si los ingresos corrientes no permitían pagar las hipotecas, siempre se podía vender la casa o el departamento… una muy buena ganancia por donde se lo viera. Pero al igual que en el caso de las empresas puntocom, el sistema era una bomba de tiempo porque para el año 2007, el nivel de deuda promedio de las familias en EEUU era del 130% de su ingreso.
La diferencia entre la crisis actual y la del año 2001, es que antes fue un problema específico de las empresas y de unos pocos bancos. Ahora, la crisis es de las familias y de los bancos grandes… eso cambia completamente el panorama.
Hasta aquí entonces lo único que nos queda claro es que los mercados han fallado en forma reiterada, lo cual comprobaría la hipótesis de que el “sistema de mercado no funciona”. Pero hace falta algo más. Un pequeño gran detalle que hace toda la diferencia: ¿Por qué la gente se endeudó tanto? ¿Y por qué los bancos tomaron más riesgos de los necesarios?
La respuesta está en las tasas de interés. Para compensar el decrecimiento económico que vino después del año 2001, la FED con Alan Greenspan a la cabeza (quién ha pasado de héroe a villano en menos de un año), decidió bajar las tasas de interés de los bonos federales. Hasta ahí, no había nada distinto a lo que se había hecho en otras ocasiones y había funcionado. El problema es que –aparentemente- a la FED se le fue la mano, las tasas llegaron al nivel de 1% y se mantuvieron demasiado tiempo ahí. El resultado fue que las personas se endeudaron en forma acelerada y los bancos tuvieron que comenzar a buscar mecanismos que les permitieran mantener rentabilidad bajo un escenario de tasas tan bajas, y ahí fue cuando surgieron los famosos “subprime” que son créditos de alto riesgo (también llamados por Leopoldo Abadía, ex -profesor del IESE de España que se ha puesto muy de moda últimamente, crisis NINJA, pues según él los créditos se concedieron a personas No Income, No Job, No assets … sin ingresos sin trabajo y sin activos).
Entonces el panorama se va aclarando, no es que el mercado siempre toma las peores decisiones, sino que los Gobiernos a veces “ayudan” a que tome malas decisiones.
¿Un nuevo modelo?
La economía de mercado tal como la hemos vivido, no está libre de culpa. Si bien, siempre encontraremos una gran relación entre la política y las crisis económicas, el mercado (el capitalismo) ha hecho también lo suyo para ganarse su mala reputación.
Para no ir demasiado lejos en el tiempo, desde la crisis asiática de 1997, se evidenció (otra vez más) que el mercado requiere algún tipo de control. Todos recordamos el “milagro” de los tigres asiáticos durante los ochenta y buena parte de los noventa. En ese momento, los ojos del mundo estaban posados en Japón, Corea del Sur, y otros países de la zona que habían logrado tener niveles de crecimiento acelerados en base justamente a pasar de economías planificadas a economías de libre mercado. De hecho, los economistas de occidente admiraban la libertad económica y financiera que se vivió durante la década de los noventa en buena parte del Asia. El milagro se vino abajo cuando en cuestión de pocos meses, las economías de Japón, Indonesia, Tailandia, Malasia, Corea y otras, caían como fichas de dominó. ¿Qué pasó? ¿Otra vez un problema de la economía de libre mercado que funciona mal?
Paul Krugman (ganador del premio Nobel del 2008) en su excelente libro publicado en 1999, De vuelta a la economía de la gran depresión, menciona que las economías asiáticas se habían vuelto más vulnerables a una crisis “porque habían abierto sus mercados financieros, porque, de hecho, se habían vuelto mejores economías de mercado, no peores. Y se habían vuelto más vulnerables porque se aprovecharon de su nueva popularidad con los prestamistas internacionales para incurrir en deudas sustanciales con el mundo exterior”. El problema fue que esas nuevas deudas en dólares, intensificaron el círculo vicioso de la crisis una vez que se dieron los primeros síntomas de pérdida de confianza por parte de los depositantes.
En la base de todo, están entonces –al igual que ahora- los bancos, quienes prestaron dinero en forma alegre. Sin duda el sistema financiero internacional y específicamente de Estados Unidos tiene mucho que ver con las crisis financieras mundiales, pero no es el único responsable. Los gobiernos del Asia también tuvieron su cuota en la crisis ¿Qué hicieron? Resulta que el modelo no era tan libre después de todo, y que “por detrás” los gobiernos encaminaban gran parte de los recursos que venían del exterior hacia los proyectos que tenían mayor interés político. Se promocionaban en forma activa los sectores a ser desarrollados y los capitales fluían sin restricción hacia ahí, los créditos eran muy baratos y sin garantías, los sectores fueron protegidos de la competencia externa a través de fuertes subsidios y aranceles, o manteniendo monedas devaluadas (como lo sigue haciendo China por ejemplo). Era lo que llegó a denominarse como un “capitalismo clientelista”, capitalismo al fin, pero con un toque asiático, y una clara intervención del gobierno en decisiones crediticias fundamentales que pueden haber hecho germinar el virus de la crisis de 1997. El mercado falló, pero no se cayó solo, los gobiernos le ayudaron.
Regresando al presente, ¿en dónde nos deja todo esto? Necesitamos encontrar un modelo mixto, en donde la bonanza del mercado nos permita generar niveles de desarrollo económico que son imposibles de obtener en otros modelos de corte comunista, pero que existan los suficientes controles como para evitar el libertinaje económico. Puede ser que ese modelo sea más cercano al sistema Europeo y un poco más alejado de Wall Street, ese es un debate que está abierto y que ciertamente no vamos a resolver aquí, pero de ninguna forma debería parecerse al socialismo de inicios del siglo XX, o al comunismo cubano. Quizás lo más sensato es pedir que haya más control e intervención del Estado en el sistema financiero sobre todo en los mercados de derivados, hipotecas de alto riesgo, fondos de pensión, fondos de cobertura y otros. Lo insensato es pedir intervención en todos los mercados a razón de que “nada funciona”.
Krugman termina su libro con una reflexión importante, que calza para los difíciles momentos que vive y vivirá la economía mundial: “Algunas personas dicen que los problemas de Japón, del Asia emergente y de Brasil son estructurales, sin una cura rápida disponible, pero yo creo que los únicos obstáculos estructurales a la prosperidad del mundo son las doctrinas obsoletas que abarrotan las mentes de los hombres”.
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